martes, agosto 16, 2011

LEYENDO A ANNA KULLICK LACKNER


Y de pronto surge una voz nueva, o debo decir: una letra nueva, tinta fresca, de esa que sacia una sed que ignorabas que tenías hasta que empezaste a beber de esas aguas, y no te llenas y quieres más, y escarbas en todas las arenas buscando ver brotar el manantial que te asegure que cada vez que lo necesites ahí estará para ti, que hecho libro o blog, o sitio, o como se llame ahora, (que ha cambiado tanto el mundo y los nombres que les damos a las cosas); pero la necesidad de sentir más que de saber, ésa no la cambia época ninguna... Y así encontré a Anna Kullick Lackner, con sus anaforismos, con ese encanto de la brevedad que te abre un mundo en el pensamiento y te obliga a pensar, a decir... Y llegas a su "sedienta de humedales" y en su jardín plantado de poesías, descubres árboles frondosos, de esos que te dan sombra en cualquier hora del día en cualquier estación del año, no mudan sus hojas… En cualquier momento me hará bien saber que también lleva un equipaje de sueños:

"Los sueños son genuinas obras de arte."

Y sigues leyendo, y quisieras decir: regálame este poema:

"Tierra demasiado herida
para este viento árido,
demasiadas noches para el poco sueño,
tanta muerte para encender una promesa..."

Y también la respuesta a una pregunta indiscreta:

"Toda pregunta que surja de un poema es un espejo"

Porque aquel que nació para ser palabra, cualquier día le nace un poema no escrito, es el viento, es el sonido, el renglón donde su voz queda impresa.

Te podría traer aquí línea por línea y decirte, Anna, qué bello escribes. Anna, ¿cómo es que por mí dices lo que yo no he podido decir?, te leo y me miro y me siento y me reconozco y me quiero olvidar y no puedo porque el masoquismo de sufrirme retratada me dice que existo.

"He dejado de tener tu edad
hace mucho,
la ventaja de morir
es no seguir creciendo…"

Y yo te digo, tú serás de las que no mueren, de las que seguirán creciendo, que lo que se pierde en edad se gana en eternidad.

Tú eres el eslabón unido, sin quererlo, a tantas vidas, a tantos encuentros que saludarán a tus versos por los caminos.

¿Tú crees que sólo se te lee? No, también se te llora:

"Tu verde corazón encadenado
que violé rabiosa por haberte muerto..."

Aún siguen ardiendo las fogatas de tus otoños, las avivan los vientos de los deseos falsamente dados por muertos...

"A veces uno piensa sin querer..."

¿Quién tuviera la rienda de los pensamientos?

"Si hasta la flama tiembla
al acorde de una voz,
cómo no iba yo a quemarme
en la orquesta de esos labios."

Y el corazón tiembla aquí, se acelera, como aparato buscador de tesoros, esta máquina nuestra que siendo parte tan intrínseca pareciera a veces tan ajena, dice detente, déjale la firma de un suspiro, muéstrale tu admiración y tu agradecimiento y yo obedezco y yo lo hago con toda humildad: ANNA KULLICK LACKNER, sigue escribiendo, no dejes descansar NUNCA tu pluma, ni tu voz.

Sinceramente, la más humilde de tus lectoras:

ISABEL MIRANDA DE ROBLES

viernes, agosto 12, 2011

GLOSA DEL AMOR


Existe un lugar donde el amor comienza

y un lugar donde el amor termina.

Hay un encuentro de manos que

acaba con los diccionarios.

Hay una mirada tan fiera

como un gran Belén abierto

corazón calera o pequeño verde fuego

en la antorcha del conocimiento.

Están las simples descuidadas palabras-lugar común

portentosas como una gran fisura

en el río Mississipi.

Manos, ojos, palabras desgastadas...

Fuera de éstas

el amor

inventa campos de batalla y el entrenamiento.

Hay un par de zapatos

sobre los que el amor camina

y el futuro es un misterio.

Habita el amor una entrega de advertencia

cuya factura no puede pagarse

sino mucho después.

Definiciones del amor

en todos los idiomas

y ninguna tan sabia como ésta:

Existe un lugar donde el amor comienza

y termina

y el amor nada pregunta.

("Explanation of love"/Carl Sandburg)

-Traducción libre de Anna Kullick Lackner-

miércoles, marzo 09, 2011

Anaforismos II

El mármol tiene el aroma del invierno, la tesitura del olvido, la presencia de la muerte.

La piedad debe desnudarse ante la presencia de su amiga, la tristeza, que quiere ser piedra.

Venga la muerte, venga el alivio, que por suerte y gratitud tengo el olvido.

Dios nos roba un sueño para perseguir su despertar.

La muerte: ondulada recepción de vida.

Dios es un mago: nos tritura lo que más amamos para mostrárnoslo más tarde en un diáfano diamante.

Los sueños son genuinas obras de arte.

Se alimenta al miedo como alimentar pájaros en jaulas.

Mi radio de necesidad abarca aún la cercanía: el contacto, la sabiduría de la pérdida.

lunes, septiembre 13, 2010

EL SUSPIRO DEL VACÍO




Juliana soñó que se llamaba Ausencia.

¿Es verdad el peligro en la amenaza de un sueño que siempre es cobarde?, pregunta a la mañana y le responde el suspiro del vacío. Es la flama vacua. Quiere saber si aún vive algo en ella, algún residuo que haya logrado soportar su solivianto, el envenenamiento a escondidas, esa manía de asistirse por la magia.

En la desesperanza asalta el hambre de imprimirle al tiempo una reversa vertiginosa. Cuando recuerda, anega el seco lago de deseos y cruza el puente de la nostalgia para estar a salvo.

Juliana escribe:
Podría entender. Quiero entender ahora, pero mi sangre rompe en hervores cuando recuerdo. Puedo acomodar asaltos del pensamiento como ordenar ropa en los cajones, ¿pero en el alma?
La razón, la inteligencia, están provistas de un archivo; el alma es diferente. Ésta vive distraída y de pronto un día la acuchilla una verdad, y todo en esa órbita se inquieta y se aborrasca. En ese lugar no hay armarios donde doblar los sentimientos. Es perfecta nebulosa que jubila prematuros juicios, escondite apócrifo que cierra la mirada y sin querer aguarda.

Siente a su mirada desangrarse, el sabor del tacto se ha hecho piedra; el tono se le escurre y no puede hablar sino en la nebulosa travesía de palabras.

Quiero saber si en mi último momento podré sentir la danza transparente que bailan los enamorados.

Por los agujeros de su laberinto se escapa el golondrino del amor, no sin antes estampar su vuelo contra muros cada vez más apretados. Su desfallecer en verso la despierta.

Estoy leyendo sobre el túnel de la muerte.


A.K.L
(poema en prosa inédito)

sábado, septiembre 11, 2010

Retorno


Regreso

Qué se puede decir después de tanto?
Inclino la mirada hacia mis manos y están cansadas
Demasiado verme adentro
demasiadas noches peleando con la querencia
tango amor y yo sin música...

El retorno...

Una vuelta más y estoy perdida. Me ordeno sentarme y abrir ese cuaderno que ha tragado todo el polvo del olvido. No quiero escuchar. Tengo miedo de acercarme demasiado. Alguien me lanza frases temblorosas, y en la mezcla diluida de sondios, alcanzo a entender que el estilete se ha extraviado, esa hoja afilada por silencios, a manos de una memoria cada vez más mentirosa.
Debo buscar en maletas, en aviones que jamás despegan, en corazones de bebé sobre pechos blandos de abuelas.

El miedo gira en mi estómago; en la garganta se enredan el trago de café, la voluta de humo, la saliva.
Abro el cuaderno lentamente, con timidez de niña ante el desconocido abrazo. Recorro el último poema y acude un asco de historia antigua. Prisa por abrir una ventana, llanto por el aire impávido, niebla de un sol que ya he perdido.

Cardúmenes veloces timbran en mi vientre. Me ruegan que los deje libres, pero ellos se entreveran con caminos de corales rojos: estrelladas multitudes. ¡Para de llorar! gritan sus vuelcos. El tiempo y el perdón recorren calles cruzadas pero jamás se encuentran.

Perdón es tiempo de guerra, garras desgastadas trepando la montaña que me aplasta.
Imagino y la mirada se me ensarta en las tinieblas.
Espero una flecha que rasgue esta noria de recuerdos.

El mareo acusador me conduce hasta la cama donde soy un caracol.
Aun con el silabro de mi antigua voz no termino de abrumarme.

También de no escribir se escribe.

lunes, abril 30, 2007


LOS TESTIGOS DEL JARDÍN

De pronto una mañana me tropiezo con este texto de mi amigo David Ojeda. Me dije: yo soy un caracol...



Los caracoles aceptan la soledad sin el temblor de párpados
que observamos cada mañana en nuestro espejo
Ellos van con su casa a cuestas
y asoman a los jardines un cuerpo que no logramos entender
Cada día su voluntad apenas debe esforzarse
para desentrañar el minúsculo milagro del terreno

Adheridos a hierbas que tiemblan y crecen bajo ellos
no duermen por la noche sino vigilan
el paso de un zorro con hambre
o el de un viejo borracho que cruza el jardín
en busca de la cama donde yace en el sueño su mujer

No hay misterio que escape a su cuidado
y con él no desean los caracoles otra cosa que conservarlo en las antenas
Quedan ahí las noticias de un mundo que nace
y se corrompe cada segundo
Han aprendido a cuidar su humildad
para corresponder con ella a su apariencia y su tamaño
sin embargo atesoran el saber de quien observa el mundo desde el suelo
entre las hojas libre y solo
Así escriben sus libros y luego los dejan perecer a su lado
en medio de una trampa de sal
ante la vejez o los depredadores que los atraviesan con picos
con uñas y tridentes
Saben no obstante
que la razón de un libro no comienza o termina en sus lectores
que la última finalidad de una palabra en nadie descansa sino en algo

Reconocen cada día cuando el rocío los reanima
y Madigan pone su pie junto a ellos
que un signo en el cielo completa el espectáculo de sus puntos de vista

Los caracoles se arrastran por el jardín
y sus huellas llegan a cruzarse sin que uno u otro se toquen
Su paso y sus acciones en busca de una hoja mejor
al acoso de algún organismo muy pequeño
cubren el terreno con la trama invisible
que el podador o el perro no atestiguan o comprenden

Los caracoles dejan sus casas vacías luego de morir
Queda su cuerpo sin vida para ser devorado por las hormigas
que se aproximan con cuidado y se ponen a comer a cortar
a trasladar la carne húmeda y fría
Poco a poco dejan hueca la morada
y cuando la última hormiga sale de ella no puede evitar apresurarse
Las casas abandonadas asustan
Las casas vacías atesoran ecos que los débiles de corazón
los callados y razonables los enemigos de los sueños
los infieles del azar y la risa
no logran ni quieren entender
Las casas donde alguien ha muerto conservan un fantasma para siempre

El caracol nunca aguarda una pareja
sólo para abandonarse en un orgasmo repentino
Su espera intenta descargar la soledad de un encuentro especular
No tiene sentido hablar de sexo cuando dos caracoles
se aproximan a un contacto moroso
Uno y otro se corresponden con huecos que la casualidad propicia

El estupor de todo amante frente a un sexo que desconoce
es un evento que los caracoles ignoran
Su retiro se completa en su propio cuerpo y sus citas
-como obra fortuita de un deseo delicado que sin embargo llega a la desmesura-
sólo habrán de producir la perdurable fascinación
ante lo que nos proporciona una fugaz imagen de plenitud
y entonces el jardín padece la aproximación de una mano
que puntualmente los priva de reposo
sin atender el grito un gemido los murmullos.

(David Ojeda/Los testigos de Madigan)

jueves, enero 18, 2007


ENTREVISTA

25 Instantáneas de Anna Kullick Lackner o Entre la inflancia, la alcoholescencia y la dorada chupentud / Héctor Alvarado Díaz

1)¿Sospechas de alguien?
De mí misma. Me persigo todo el tiempo. Soy una auto-detective profesional. A veces me pierdo, pero sólo por unos momentos. Siempre me vuelvo a atrapar.

2)Si pudieras metamorfosearte ¿serías...?
Águila, porque a cierta edad es capaz de cambiar plumas y pico. O Serpiente, porque puede cambiar de piel y sigue pululando tan campante.

3)¿La poesía sirve para algo?
Nada más para seguir viviendo. Sin la poesía, el lector está condenado a perderse esa parte pasional, axial en la existencia.

4)¿Cuáles son tus manías?
Verme demasiado adentro, morderme los labios y envenenarme (siempre legalmente).

5)Hombre ideal.
No existe. Sin embargo, en mi fantasía hollywoodense, sería Al Pacino. Éste es un hombre sumamente intrigante, con un gran sentido del humor, básico en mi lista de atributos masculinos.

6)Mujer ideal.
Yo. Jajaja. No, ya en serio, creo que cualquier mujer, sólo por el hecho de tener la capacidad de producir vida, ya es ideal. Admiro mucho a Julliete Binoche.

7)¿La amnesia sería la peor condena?
No. Siempre he luchado por darle al presente un sitio preponderante. Quien puede olvidar, anula un enorme trozo de angustia.

8)¿Amistosa o belicosa?
Mi tiempo belicoso fue tragado por los años. La amistad ahora es la más nutritiva de mis emociones.

9)Poetas de cabecera.
Clarice Lispector, Jorge Teillier, Alejandra Pizarnik, Antonio Gala, Sylvia Plath, Jorge Enrique Adoum, entre otros.

10)¿Tienes que conocer para luego escribir?
Conocer no, palpar con la mirada y escribir. Al decir “mirada”, me refiero a la onírica, a esa lente del corazón. Creo que jamás llegamos a conocer a nadie ni a nada por completo.

11)¿Cómo eliges tus títulos?
Si me preguntas, es porque apestan, jajaja. El título es la parte más difícil de la obra. Al menos para mí. Es lo último en que trabajo.

12)¿Crees en fantasmas?
Sí, claro. Vivo con varios bastante pirados. Algunos, te puedo decir, son muy crueles; otros son totalmente inofensivos, nada más andan aquí, suspendidos.

13)¿Te afecta la crítica?
Obviamente, pero no permito que ésta transforme mi oficio al grado tal de escribir como algunos quieren. Ya tengo suficiente con mi “persecuta” como para tomar a pecho la crítica de otros.

14)¿En un mundo perfecto dejarías la escritura?
No. Aunque quiera no puedo dejar de escribir. Además, el mundo jamás será perfecto… Necesito aprender a vivirlo así y desde ahí seguir escribiendo.

15)¿Escribes pensando en alguien?
Primero en mí y luego, a veces, en personajes, elementos o situaciones que trastocan mi vida.

16)¿La disciplina es un arma o un lastre?
Es un arma de doble filo. Por un lado corta y por el otro es una eficaz herramienta.

17)¿Te intriga la muerte?
Mucho más que si estuviera “viva”. Me obsesiona. Me asumo como un ser que en cualquier momento deja este plano y viaja a otro (de esto estoy segura). Entonces, debo confesar que todo lo desconocido me asusta.

18)¿El que ignora es más feliz?
Los que ignoran están menos atribulados. La felicidad no existe como tal. Son efímeros estados donde uno se siente pleno, vivo, pues.

19)¿Te han censurado?
No, nunca. Creo que soy demasiado “light”. Sin embargo he sido rechazada en algunas ocasiones. Ahora, hablando de autocensura, pues de nuevo ahí me tienes… nunca estoy conforme del todo.

20)¿La ciudad, el mar, el bosque o el desierto?
El mar y el desierto. Si están enamorados, mejor.

21)La que escribe y la que vive ¿son una misma persona?
Definitivamente no. Al escribir tengo que disociarme. Lo difícil es regresar a ser yo misma, la que cuida hijos, la que hace la comida, la que va al mercado, etcétera. Siempre tengo adentro ese apuntador literario al que tengo que callar cuando no tengo papel y pluma a la mano.

22)¿Agotas un tema antes de pasar a otro?
Lo intento, pero no siempre sucede. Hay demasiadas voces y en ocasiones no puedo soslayarlas. Estoy escribiendo sobre el amor, por ejemplo, y de pronto las campanas de una iglesia me llevan a cuestionarme el odio y el egoísmo. Así de loco.

23)Qué te dicen las palabras:

Tiempo: Alivio. Aprendizaje.

Imaginación: Magia del espíritu.

Madre: Ausencia.

Lengua: Daga. Estilete.

Impuestos: ¡Qué miedo!

24)¿Escribes narrativa en secreto?
Tan en secreto que no la escribo. Y si algún día la plasmé, siempre fue tras la óptica de la poesía. Ahora, precisamente, estoy trabajando en un libro de Poemas en Prosa.

25)Entre el deseo y la realidad ¿por cuál apuestas?
Por el deseo. El deseo es el combustible para seguir andando. Una vez que éste se realiza, el camino se detiene y hay que desear de nuevo, estar siempre impregnados de deseo.


(Ésta es una entrevista que salió publicada en el periódico La Roka)

jueves, noviembre 09, 2006

ACERCA DEL VIVIR...

El vivir no admite bromas.
Has de vivir con toda seriedad,
como una ardilla, por ejemplo;
es decir, sin esperar nada fuera y más allá del vivir;
es decir, toda tu tarea se resume en una palabra:
Vivir.
Has de tomar en serio el vivir.
Es decir, hasta tal punto y de tal manera
que aun teniendo los brazos atados a la espalda,
y la espalda pegada al paredón,
o bien llevando grandes gafas
y luciendo bata blanca en un laboratorio,
has de saber morir por los hombres.
Y además por hombres que quizás nunca viste,
y además sin que nadie te obligue a hacerlo,
y además sabiendo que la cosa más real y bella es
Vivir.
Es decir:
has de tomar tan en serio el vivir
que a los setenta años, por ejemplo,
si fuera necesario plantarías olivos
sin pensar que algún día serían para tus hijos;
debes hacerlo, amigo, debes hacerlo,
no porque, aunque la temas, no creas en la muerte,
sino porque vivir es tu tarea.

Sucede, por ejemplo,
que estamos muy enfermos;
que hemos de soportar una difícil operación;
que cabe la posibilidad
de que no volvamos a levantarnos de la blanca mesa.
Aunque sea imposible no sentir
la tristeza de partir antes de tiempo,
seguiremos riendo con el último chiste,
mirando por la ventana para ver
si el tiempo sigue lluvioso,
esperando con impaciencia
las últimas noticias de prensa.
Sucede, por ejemplo, que estamos en el frente,
por algo, por ejemplo, que vale la pena que se luche.
Nada más comenzar el ataque, al primer movimiento,
puede caerse cara a tierra, y morir.
Todo esto hemos de aceptarlo con singular valor,
y a pesar de todo, preocuparnos apasionadamente
por esa guerra que puede durar años y años.
Sucede
que estamos en la cárcel.
Sucede
que nos acercamos
a los cincuenta años,
y que falten dieciocho más
para ver abrirse las puertas de hierro.
Sin embargo, hemos de seguir viviendo con los de fuera,
con los hombres, los animales, los conflictos y los vientos,
es decir, con todo el mundo exterior que se halla
tras el muro de nuestros sufrimientos;
es decir: estemos donde estemos
hemos de vivir
como si nunca hubiésemos de morir.

Se enfriará este mundo,
una estrella entre las estrellas;
por otra parte una de las más pequeñas del universo,
es decir, una gota brillante en el terciopelo azul,
es decir, este inmenso mundo nuestro.
Se enfriará este mundo un día,
algún día se deslizará
en la ciega tiniebla del infinito
-no como una bola de nieve,
no como una nube muerta-,
como una nuez vacía.
Desde ahora mismo se ha de sufrir por todo esto,
ha de sentirse su tristeza desde ahora,
tanto ha de amarse el mundo en todo instante,
se le ha de amar tan conscientemente que se pueda decir: "He vivido".


NAZIM HIKMET

Nota de la rateracción: Yo confieso haberme "volado" este poema del blog de mi amigo Ángel. Mea culpa, mea culpa.

POEMA NUESTRO DE CADA DÍA


OTOÑO SECRETO

Cuando las amadas palabras cotidianas
pierden su sentido
y no se puede nombrar ni el pan,
ni el agua, ni la ventana,
y la tristeza ha sido un anillo perdido bajo nieve,
y el recuerdo una falsa esperanza de mendigo,
y ha sido falso todo diálogo que no sea
con nuestra desolada imagen,
aún se miran las destrozadas estampas
en el libro del hermano menor,
es bueno saludar los platos y el mantel puestos sobre la mesa,
y ver que en el viejo armario conservan su alegría
el licor de guindas que preparó la abuela
y las manzanas puestas a guardar.
Cuando la forma de los árboles
ya no es sino el leve recuerdo de su forma,
una mentira inventada por la turbia
memoria del otoño,
y los días tienen la confusión
del desván a donde nadie sube
y la cruel blancura de la eternidad
hace que la luz huya de sí misma,
algo nos recuerda la verdad
que amamos antes de conocer:
las ramas se quiebran levemente,
el palomar se llena de aleteos,
el granero sueña otra vez con el sol,
encendemos para la fiesta
los pálidos candelabros del salón polvoriento
y el silencio nos revela el secreto
que no queríamos escuchar.

JORGE TEILLIER

(De Para ángeles y gorriones, 1956)

viernes, septiembre 29, 2006

LA PRIMOGÉNITA

Van a dar las cuatro y yo ando como maíz a punto de explotar en palomita. Un calor agónico se me incrusta en el ala derecha y no puedo conducirme equilibradamente. Luna me dice que me calme, que no pasa nada. (Asombro al escucharme en la blanda voz de una hija).

A veces odio tanto a esa otra que le da por ser protagónica. O no sé, lo cierto es que el inconsciente es más fuerte que el amor.

Es viernes 22, mi padre se casa dentro de tres horas, a "escasas" dos viudeces. Por más que quiero decirme que no es para tanto, algo en esta encogida memoria me dice que sí. Voy camino a elegir un vestido para mi hija y otro para mi sobrina, hija de Katy, mi hermana. Gracias a Mague hago esto, si no, creo que daría igual. Estoy demasiado petrificada como para ocuparme de exteriores.
Somos lo mismo: Noali, la hija de Katy, es yo 35 años atrás. Luna, mi hija, es mi hermana 35 años antes: buscando vernos lindas, aceptadas, incluidas en el segundo matrimonio de Walter, hace 35 años.

Cuando papá perdió a mi madre, el canto inocente que llevo dentro, creyó que no existía el peligro de compartir esa mitad de amor, que la vida "magnánima" le había dejado. No fue así. Nueve años después, esa fracción se esfumaba en el vapor de un nuevo matrimonio, otros hijos, otra casa.

¿Para qué escribo esto? Debo rescatar aquellos sentimientos que no por pertenecer a una niña los hacen más pequeños. El desconcierto se tatua para siempre.

Al observar de lejos a mis otros hermanos, hijos de Tala (segunda esposa), no pude sino empatizar con ellos. Quise decirles frases filosóficas que sólo he aprendido pero jamás he puesto en práctica; quise abrazarlos como hubiera yo querido que su madre me abrazara aquel día de su boda; quise bromear con ellos, y llorar -¿por qué no?- ante la felicidad de nuestro padre y nuestro propio terremoto. Mas el llanto congelado me apretó la víscera. La verdad es que el tiempo, empapado en silencios, congela hasta el más puro y auténtico atisbo de caricias.

Mañana será otro día. Mañana mi padre me dirá: ¿de cuáles hermanos estás hablando? O tal vez también agregue: Todo evento familiar es traumático...

Sólo me queda respirar hondo y profundo, recorrer el océano de la historia; brindar por todos, por mí, y navegar....

Atravesar la vida.

jueves, agosto 24, 2006

ABUNDANCIA

El pasado 8 de agosto del 2006 (8-8-8), fuimos convocados a una ceremonia para crear abundancia. Partimos a la sierra de Arteaga y rentamos una cabaña preciosa en Monterreal. Curiosamente nos asignaron la número 8, llamada Barioloche. Nos reunimos 8 amigos: Malena, Chelo, Alejandra, Fernando, Marc, Hugo, José y yo. Y a las 8 de la noche preparamos todo: flores, frutos, semillas, velas, incienso, aromas, música, libretas, billete, monedas.... y tuvimos una meditación de limpieza primero, y luego el ritual.

Todo fluyó enmedio de una especial armonía, con la lluvia fina que caía afuera, la montaña como guardiana custiodiándonos y la fuerza que se hizo presente.

Al finalizar, no podía faltar la consabida carne asada, las quesadillas, aguacate, vino, etc., que coronaron esa noche junto a las charlas y risas de todos nosotros. La enorme luna llena nos filmaba.

Al día siguiente fuimos a visitar un terreno de la familia de Malena, que está ahí cerca, y recolectamos pequeñas manzanas que comimos untadas de chamoy. El aroma a pinos era simplemente delicioso; el cielo de un espectacular azul con sus blanquísimas nubes bordadas sobre él, pájaros increíbles que jamás había visto: azules, amarillos, verdes... En fin, que daban ganas de nunca retornar.

Pero había que regresar a esta ciudad con olor a mofle -como dice José- y seguir en contacto con la energía allá recolectada. ¡Qué difícil!

El jueves pasado "amarramos" la ceremonia en el rancho de Malena. Encendimos las pequeñas velas verdes (que regularmente se consumen en un par de horas) y había que quedarnos ahí hasta que se extinguieran. Pues la mía, junto a la de Susy, tardaron más de nueve horas en terminarse. Me pregunto qué significará...

El resultado de todo esto, hasta ahora, se ha manifestado en mí con mayor energía, más conciencia, mejor humor. El dinero... ah, ése está por llegar. Lo sé.

jueves, junio 08, 2006

MIS PÁJAROS ADENTRO


Me quedé toda la noche con la pregunta de Herman: ¿Cómo son esos pájaros que dices tener dentro?

Pequeñitos emplumados
de eléctricos colores
aletean todavía en el fondo de mi océano
buscando la semilla que extravié hace tanto

A veces los comprime el relámpago de cierto asombro
y se vuelven delfines diminutos
Su risa restaura diques fisurados
por donde se filtra mi existencia

Su libertad es íntima
su credo es el libro de mi espíritu
recorren cada línea
con sus alas delicadas
y lo barren de nostalgias y arrepentimientos

Las parejas ocurren a habitar mi vientre
ahí se multiplican
En verdes y frondosos nidos
entibian a sus vástagos
con el fértil vaho de mis sueños
y los sueltan a volar hacia mi pecho
donde hacen un concierto de tambores

Cuando se me cae un verso
cuando maldigo el largo estiaje
y no puedo llover
cuando la rabia toma riendas
alguno muere y los demás esconden sus cabezas

Entonces
se enluta la mirada
todo el vértigo del mundo me acompaña.

lunes, mayo 15, 2006

POEMA NUESTRO DE CADA DÍA

LOS ENJAULADOS

Lerdos,
bostezando en la gelatina incolora
donde flotan sus vidas, envejecen,

Vagabundos, de un lado a otro
de otro a uno cargando papeles, envidia, caspa y
desesperanza, bostezan,

Sin miseria ni gloria, a media tinta,
entre dos aguas.

Donde terminan las colas que nacen
en los barrios, crece su rencor y su vagancia
y tienen casillas, permisos, desgano, calendarios,
donde nos archivan, sumillados,
manchados para siempre de huellas dactilares
el corazón.

Y para no escuchar el gemido de la sangre
duermen sordos, atados auriculares de teléfono,
mordiendo soledad, barbitúricos y otra vez
desesperanza y lágrimas.

¡Y de pronto!
saltan de la cama, encienden la luz y hacen cuentas,
en los ascensores, hacen cuentas, sobre dos senos,
sobre las mesas,
bajan a los negros prostíbulos y hacen cuentas y
despiertan crispados, mordiéndose las uñas,
el plazo vencido, la excedida farra.

Lerdos, abandonados de la esperanza
pero también por la desesperanza, flotan
en su amargo escritorio, el naufragio.

Bajo empañados vidrios
guardan el cabello apelmazado
del primer amor, el profiláctico del primer soborno,
y el banderín recordatorio
de como muchachos los devoró la vida.

Y a cada rato,
miran el reloj y les nacen úlceras, hemorroides,
diarrea, estreñimiento, un dolorcito aquí,
constante, aquí en la espalda y toman jarabes,
tónicos, reconstituyentes,
y en las noches maritales lagrimean el supositorio, uno
cada antes de acostarse ¡Cuidado!

Jamás miran atrás o hacia abajo
porque los estrangula el vértigo, arriba,
siempre miran arriba, la vida está
en los décimo segundo pisos
y hay que financiarla
aunque sea cabizbajos y acumulan
pequeños recuerdos, pequeñas miserias,
pequeños rencores y a la hora del almuerzo
hacen grandes discursos, con enormes índices
señalan a sus hijos y arrodillados
se masturban, sí, solitarios,
fisgoneando en los baños a niñas que lloran
en secreto, la sombra del miedo
que ha empezado a crecer bajo sus vientres

Y hablan
de moral y descienden a los sótanos,
a los solapados closets donde se miran
contra tres espejos, con calzones rosados,
con prendas secretas y besan
garantizados amuletos y así,

Sin alegría y sin tristeza,
deambulan, del escritorio al bar, del bar a la mentira y
de allí

a la cama. Sabiendo que despertarán,
unos minutos antes despertarán,
con la amarga zozobra
de que el reloj va a sonar

y nos lance otra vez, amor mío,
a esta vida que ya no quiero.


Iván Oñate

(de En casa del ahorcado, 1977)

viernes, abril 21, 2006

POEMA NUESTRO DE CADA DÍA

Malena me cuenta que conoció a Gonzalo Rojas. Me dice que esas cuatro horas en su casa de Chillán, no me las puede relatar sino en muchos días. Para celebrar y compartir coronariamente ese espectacular acontecimiento, pego aquí uno de mis poemas preferidos.

LOS CÓMPLICES

Te decía en la carta que juntar cuatro versos no era tener el pasaporte a la felicidad timbrado en el bolsillo, y otras cosas más o menos serias como dándote a entender que desde antiguamente soy tu cómplice cuando bajas a los arsenales de la noche y pones toda tu alma y la respiración perfectamente controlada, por mantener en pie tus rebeliones, tus milicias secretas a costa de ese tiempo perdido en comerte las uñas, en mantener a raya tus palpitaciones, en golpearte el pecho por los malos sueños, y no sé cuántas cosas más que, francamente, te gastan la salud cuando en el fondo sabes que estoy contigo aunque no te vea ni tome desayuno en tu mesa ni mi cabeza amanezca en tu pecho como un niño con frío, y eso no necesita escribirse.

Gonzalo Rojas